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Opinión - Miguel A. Parra
- 28/05/2019

La fábula del jarrón. Confluencias de izquierdas

Según contaron más tarde algunos de los que estuvieron allí presentes, la casa de la izquierda quedó perfecta

Almeria 24h
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La fábula del jarrón. Confluencias de izquierdas


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Cuenta la leyenda que en un lejano país, un grupo de personas de izquierdas decidieron crear un espacio común. Ese espacio debería ser una casa donde todas las ideologías que engloba la izquierda tuvieran cabida.

Lo primero que hubo de decidir fue la ubicación “En la izquierda” gritó uno provocando las risas de los allí presentes. Otro en tono más serio comentó “Vamos a tomarnos esto en serio que la ubicación es muy importante. Yo propongo que construyamos nuestra casa sobre la igualdad, la igualdad entre las personas sin importar su sexo, raza, cultura, lugar de nacimiento, etc.”

A todos los allí presentes les pareció una gran idea porque así se aposentaría sobre un principio básico que une a todas las izquierdas.

Lo siguiente que tuvieron que decidir fue sobre que cimientos se alzaría aquel edificio, necesitaba descansar sobre una estructura fuerte en valores y en principios. Varias propuestas que no iban muy desencaminadas, finalmente fueron descartadas por no recoger un sentimiento único. Entonces un sindicalista apuntó “Yo creo que los cimientos deberían ser los derechos, derecho a una sanidad pública, educación pública, laborales, libertad de expresión, justicia ecuánime, etc.”. Está propuesta si convenció todos y continuaron deliberando, cada vez más ilusionados con aquel lugar de encuentro que se les prometía incluyente y necesario.

Una vez que diseñaron la estructura tocaba preparar las habitaciones con puertas abiertas al feminismo, la libertad, el ecologismo, la igualdad de oportunidades, acceso a la cultura, dignidad de los trabajadores, etc. Como todo ello descansaba sobre una base de igualdad con pilares que representaban los derechos fue muy fácil ir colocando las distintas ideas y todas tuvieron cabida.

Según contaron más tarde algunos de los que estuvieron allí presentes, la casa de la izquierda quedó perfecta, se debatía, se bromeaba, leían, actuaban, jugaban. Todo apuntaba a que por fin tenían un espacio común resistente a la vez que flexible desde el que luchar por un mundo mejor.

Aunque desconozco con certeza la fecha, un día descubrieron que les había faltado emplazar un jarrón así que se reunieron para decidir donde lo colocarían “Sin duda el mejor lugar será el comedor, es la habitación que nos representa a todos” comentó una “No estoy de acuerdo, creo que el mejor lugar será la cocina porque es el lugar de la casa donde más se trabaja” gritaron algunos. Un Comunista Trotskista abogó por ponerlo en la biblioteca ya que para él era el lugar más importante de la casa donde se debería fraguar la revolución constante, sin embargo fue interrumpido en su explicación por un airado anarquista que defendió la idea de colocarlo cada semana en un lugar de la casa para que así nadie tuviera todo el poder sobre él a lo que una feminista se negó rotundamente advirtiendo del peligro que esto supondría para el jarrón. Un ecologista intervino entonces argumentando que el jardín sería el sitio perfecto en el que todos podrían disfrutar de él.

Las discusiones continuaron durante varios días sin posibilidad de acuerdo ya que para colmo todas las partes se iban enconando cada vez más en sus posturas y anteponiendo sus egos particulares al bien común.

Poco a poco los distintos grupos de izquierda fueron abandonando la casa al sentirse humillados y faltos de reconocimiento por parte de sus compañeros. Finalmente ese lugar común quedó vacío y cada grupo trabajó por su cuenta hacia un mundo mejor pero enfrentándose a grandes estructuras de la derecha que perfectamente ensambladas no permitían ganar ni un ápice en igualdad ni en derechos, si no más bien al contrario

Hay quien cuenta que la casa sigue estando allí, totalmente deshabitada y con el jarrón en la entrada como advertencia a cualquier intento de la izquierda a volver a entrar, de que primero deben decidir dónde colocarlo.

Un conocido mío me aseguró hace poco que había estado allí y que preguntándole a un campesino que vive en una granja cercana, este le contó que poco antes de que se iniciaran las desavenencias, vio pasar a un hombre con un traje de corbata muy elegante en dirección a la casa y que llevaba bajo su brazo un extraño jarrón.




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