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Opinión - Miguel A. Parra
- 05/11/2020

Culo

Giros inesperados

Almeria 24h
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Culo


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Comisaría de Policía
Distrito 20
15:05 horas

Aquella insistente mosca estaba poniendo todo su esfuerzo en sacar al capitán Bruno Balboa de su estado de concentración. No parecía capaz de lograrlo. Como era habitual en él, se encontraba inmerso en el papeleo acumulado sobre la vieja mesa de madera de su despacho, y en momentos así, no admitía ningún tipo de distracción, si esta no estaba perfectamente justificada. Era un hombre serio y estricto, con las normas y con las formas. Aunque su ascendencia italiana pudiera llevar a engaño, dándole a su acento cierta musicalidad, ya que le hacía parecer cordial en el trato. En realidad, se trataba de un hombre austero en palabras. Meticuloso hasta la exasperación, revisaba concienzudamente todos y cada uno de los informes que le llegaban.


Finalmente, la mosca, frustrada, cejó en su empeño y en un giro inesperado acabó pegada al cristal de la ventana, quizá intentando escapar de su destino o simplemente había decidido disfrutar sin más del momento que le tocaba vivir. Minutos más tarde, tres contundentes golpes en la puerta lograron que el Capitán Balboa levantara la cabeza.

- ¿Da usted su permiso Capitán?
- Si, pase Sargento

La Sargento Sánchez, era sin duda uno de los mejores miembros de aquella unidad. Seria y eficiente en su trabajo, contaba con toda la confianza de Balboa

- Cuénteme Sargento ¿Cómo ha ido la manifestación? ¿Algún detenido?
- 15 detenidos. Los tenemos todos abajo
- ¿15 detenidos en una manifestación de estudiantes? ¿De qué se les acusa?
- Falta de respeto a la autoridad. Nos han hecho un calvo
- ¿Un calvo?
- Si Capitán, un calvo. Vamos…, que nos han enseñado el culo
- ¿Los quince?
- Ese es el problema, que en la foto del incidente tan solo se ven ocho culos y estamos intentando identificar a los infractores de entre los 15 detenidos
- Consulte al departamento de informática. Que utilicen el programa de reconocimiento facial
- Ya lo he intentado Capitán, pero el técnico dice que ese software está diseñado para calcular la proporción de la distancia entre los ojos, la nariz y varios rasgos de la cara, y que en la foto que le he llevado no se ven ojos, si no ojetes
- Pues si no podemos identificarlos habrá que soltarlos a todos
- Creo que habría otra forma aunque puede que no sea muy ortodoxa
- Suéltela, si nos sirve poco importa que no sea muy apropiada
- Podríamos hacer que pasen uno a uno por la sala de reconocimiento y nos muestren sus traseros. Los buscamos en la foto y si aparece ya lo tenemos identificado
- Realmente es poco ortodoxa pero no parece que tengamos otra opción

Los estudiantes fueron pasando tras el cristal mientras los agentes tomaban nota. Un policía los hacía entrar a la vez que en voz alta leía sus nombres y las circunstancias de su detención. Al llegar al sexto detenido el policía dijo “Este asegura que ni siquiera estuvo en la manifestación, que él solo iba a comprar pan”. Balboa miró por un instante a la Sargento Sánchez pero ella permaneció impasible viendo como el joven se giraba para bajarse el pantalón.

Y allí estaba. Ante ellos. Sin haber sido llamado ni esperado. Era algo magnífico. Una belleza asombrosa que dejó paralizados a todos. Si, era un culo perfecto. No había nada sexual en él. Dos glúteos perfectamente redondeados. Con la medida justa. Un verdadero regalo para la vista. Sus proporciones eran precisas, exactas. El silencio se apodero de la sala de reconocimiento y el Capitán Bruno Balboa, en un gesto que hubiera sido impensable pocos segundos atrás, puso su mano sobre el hombro de la Sargento Sánchez que no podía contener sus lágrimas. La emoción la superaba. Nunca, ni siquiera una sola vez en su vida se había permitido soñar con ver algo tan maravilloso.

Poco a poco fueron llegando compañeros que observaban atónitos aquel milagro. Todo el personal de la comisaría acabó finalmente allí. Lloraban, reían, se abrazaban, se regocijaban de tener la oportunidad de contemplar aquel fenómeno mágico. Incluso los detenidos fueron liberados para que pudieran sumarse a aquel regalo que el destino, por razones desconocidas, había puesto ante ellos.

Aquel acontecimiento se filtró a la prensa y a los pocos días los principales programas de televisión dedicaban horas y horas a disertar sobre aquellas posaderas. Varios lo relacionaron con las casas reales europeas “Una genética tan perfecta – Aseguraban - debe pertenecer a un descendiente de las más altas dinastías”, no faltaron tampoco comentarios que lo vinculaban con algún experimento genético, incluso de origen extraterrestre. Hubo quién llegó a asegurar que con toda probabilidad se trataba de uno de los hijos no reconocidos de Julio Iglesias.

La fama de las nalgas de aquel joven traspasó nuestras fronteras hasta llegar al productor del conocido programa “Got Talent” en su versión americana, que compró en exclusiva mostrar al mundo aquel prodigio.

Aquella noche todo estaba preparado. America´s Got Talent había prometido durante toda la semana que iba a sorprender a propios y extraños con un hallazgo asombroso. Un descubrimiento que dejaría al planeta con la boca abierta. Tras aparecer en el escenario, el joven quedó intimidado por la expectación. Todos anhelaban contemplar la magia. Lo divino y lo inesperado. Él solo fue capaz de decir “Yo vengo a enseñar mi culo”. El público quedó atónito. Decepcionado. Los presentadores se miraron unos a otros mostrando un profundo desencanto “¿Se trata de una broma?” preguntaban gesticulando con ambos brazos sin comprender que estaba pasando. Él pensó en salir de allí sin más. Desaparecer. Huir de aquel fracaso, pero en el último momento, se giró y les mostró su trasero.

Un fogonazo de silencio recorrió el recinto desde el escenario hasta el último de los rincones. Nadie hablaba. Nadie se movía. Una mujer de color que se encontraba sentada en la primera fila, llevó su mano temblorosa hacia su boca. Era incapaz de asimilar lo que estaba viendo. Ella fue la primera en gritar “Oh my God”. A ella le siguieron otras voces. Decenas al principio. Centenares. Miles. Todos se pusieron en pié en un estruendoso aplauso plagado de vítores. Gritaban. Daban gracias a Dios por haberles dado la oportunidad de contemplar aquella maravilla. Obtuvo el pase a la final del programa que, naturalmente ganó.

Sin embargo no todo fue perfecto aquella noche. Los millones de personas que habían visto el programa desde sus casas solo vieron un culo muy bonito. Un trasero de formas perfectas. Eso era incuestionable, pero no suscitaba en ellos la emoción de los que lo veían en vivo.

Reunieron a los principales científicos, expertos en arte, pintores, fotógrafos, incluso cámaras de cine y televisión pero ninguno de ellos dio con la explicación. Daba igual de la forma que se retratara, el efecto se perdía. No lograban conservar la parte mística de aquella obra de arte. Esto, que en un principio supuso un varapalo por el desconcierto que causó, con el tiempo hizo que su fama aumentara porque se trataba sin duda de una de las maravillas del mundo pero con una belleza efímera. Todo el mundo quería verlo. Presidentes, grandes empresarios, futbolistas, actores, etc. Las personalidades más importantes del planeta se rendían ante su belleza.

Pero como siempre sucede, lo sublime trae consigo la envidia y algunos comenzaron a hacerse una pregunta “¿Aquellas nalgas eran obra de Dios o una obra del Diablo?” Aseguraban que el hecho de que no pudiera retratarse suponía una prueba irrefutable de que el mismísimo Satanás era quién había forjado aquel trasero. El mundo entero se encogió ante aquella duda. ¿Podría tratarse de un culo diabólico?

Finalmente fue el Sumo Pontífice, el Papa Francisco, quién decidió intervenir en aquella disputa y solicitó la presencia del joven español en Roma. A la misma vez fueron invitados los líderes religiosos de todo el mundo para reunirse en el Vaticano y resolver de una vez por todas la encrucijada de saber quién había creado aquel trasero que algunos consideraban sagrado y otros temían que hubiera sido forjado en las llamas del averno y moldeado por el propio Lucifer.

El día de la recepción la plaza de San Pedro fue ocupada por multitud de personas que necesitaban saber. Querían creer. Todo estaba preparado. Sería bajo el techo de la Capilla Sixtina, uno de los lugares más bellos de la tierra, donde un culo debería demostrar que era capaz de rivalizar con los frescos del gran Miguel Ángel.

Llegado el momento, los líderes religiosos aguardaban en un silencio sepulcral viendo como el joven español, custodiado por cuatro soldados de la Guardia Suiza, entraba en la Capilla Sixtina. Caminaba cabizbajo. Impresionado por aquel solemne recibimiento. Abrumado por la consecución de acontecimientos que sus posaderas habían provocado. Al llegar al lugar indicado, los soldados se detuvieron y se apartaron con movimientos perfectamente estudiados. Su Santidad el Papa Francisco, hizo un gesto con la mano acompañado de unas breves palabras en Latín.

El Camarlengo, asistente del Papa, inclino con respeto la cabeza e indicó al joven en un perfecto español “El Romano Pontífice desea ver su culo”. Lentamente el pantalón fue descendiendo hasta dejar al descubierto aquel trasero. Por unos instantes ninguno de los presentes fue capaz de apartar su mirada. Ni los mejores poetas habían sido capaces de describir con justicia aquellas nalgas. El Santo Padre fue acercándose uno a uno a los distintos líderes religiosos para comprobar si tenía su aprobación.

Todos aceptaron de forma solemne, y en silencio lo acompañaron al balcón que se abría a la Plaza de San Pedro para hacer una proclamación que cambiaría la historia de la humanidad. La multitud, alborotada e impaciente, se sumió en el más profundo de los silencios al ver a su Santidad asomarse al balcón. Con la voz aún temblorosa, embargada por la emoción, reveló a los allí presentes “Solo una obra de Dios es capaz de poseer esa infinita belleza” “Ese Culo es una prueba viva de la existencia del creador” “Dios en todos sus nombres, el conjunto de deidades que han sido veneradas sobre la faz de la tierra existen, y son uno solo en él”

Y así fue, salvo algún detalle que ha podido ser omitido o exagerado, como el culo de un español que iba a comprar pan cambió para siempre el curso de la Historia.

Miguel Parra




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