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Opinión - Miguel A. Parra
- 05/05/2019

El torero y el Parlamento

Su vecino era un gran aficionado a los viajes por lo que devoraba constantemente guías, libros y documentales de esta temática

Almeria 24h
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El torero y el Parlamento


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Son muchas las peculiaridades que tenemos los españoles que no siempre son bien comprendidas e interpretadas fuera de nuestras fronteras, es lógico pensar que eso es exactamente lo que nos ocurre a nosotros cuando observamos costumbres foráneas que no alcanzamos a entender del todo.

Así debió sentirse Carlos Pineda, un español que por razones laborales llegó a principios de los años ochenta a Atlanta, capital del estado de Georgia en Estados Unidos, pero lo curioso de esta historia no fue su mejor o peor adaptación a las costumbres del país americano, si no el comportamiento del pintoresco vecino que le tocó en suerte cuando alquiló una casa en el barrio de Clarkston.

De nacionalidad estadounidense, su vecino era un gran aficionado a los viajes por lo que devoraba constantemente guías, libros y documentales de esta temática. Si bien esto era cierto, al menos según me consta, es importante aclarar al lector que él solo viajaba con la imaginación ya que físicamente nunca había sido capaz siquiera de atravesar la frontera del estado que le vio nacer.

Jerry, que así se llamaba, no era una persona instruida ni muchísimo menos, pero si es de ley reconocerle el tesón que ponía en intentar retener todo lo que leía, lo que le había hecho desarrollar una gran memoria, algo de lo que le gustaba jactarse, y además, no dudaba en demostrarlo cada vez que podía recitando las ciudades, los ríos, las costumbres, las montañas o los principales monumentos de cualquier lugar del mundo.

El hecho de tener un nuevo vecino que venía de España, un país que por aquellos años vivía aún encerrado en sí mismo y medio oculto al exterior, hizo crecer en él su interés por nosotros y nuestras costumbres, consiguió guías turísticas, libros de viajes y cintas de video que devoraba uno tras otro, cuando terminaba de estudiar todo lo que había conseguido recopilar comenzaba de nuevo. En muchas ocasiones no era capaz de comprender nuestras costumbres y fuese la hora que fuese, se presentaba ante la puerta de nuestro compatriota y levantando su dedo índice lanzaba su pregunta tras un breve “Hola español”.

-- Peregrináis para rezar a santos y vírgenes que están llorando, pero lo hacéis guitarra en mano, cantando, riendo y bebiendo.

-- Son romerías, es nuestra forma de ver la religión.

-- Os acostáis por la noche y os levantáis por la mañana para ir al trabajo y a medio día os acostáis otra vez y os volvéis a levantar para ir de nuevo a trabajar ¿Porqué dormís en dos veces?

-- Lo llamamos siesta y es una costumbre que nos gusta y además nos sienta bien.

-- ¿Mezcláis huevos con patatas y hacéis un pastel?

-- No es exactamente así, se llama tortilla de patatas y es una comida no un postre.

Su curiosidad por nuestras costumbres, a la vez que su frustración por no ser capaz de verles un sentido lógico, aumentaba a medida que avanzaban los días.

-- He visto también que echáis aceite de oliva a todas las comidas ¿Por qué?

-- Hombre, a todas no

-- ¿A cuál no?

-- Bueno, ahora mismo no lo recuerdo pero somos uno de los países con mayor esperanza de vida, no será malo tomar mucho aceite de oliva

-- ¿Y si tanto os gusta vivir porqué soltáis toros en las calles donde hay personas? ¿No veis que eso es muy peligroso?

-- Es una tradición muy antigua, los llamamos encierros y he de reconocerte que sí es peligroso, de hecho algunas veces mueren algunos corredores.

-- ¿Pero entonces por qué lo hacéis?

-- Es un reto de valor y nos parece divertido

“¿Divertido jugar con la muerte? Me cuesta mucho entender a vuestro país” decía mientras volvía a su casa moviendo la cabeza.


Carlos Pineda intentaba responder con paciencia a las continuas preguntas de su vecino a pesar de que la escena se repetía cada vez con mayor asiduidad -- “Hola español”

-- He encontrado un libro con una lista de saludos españoles que para mí son insólitos “Cuanto tiempo sin verte hijo de puta”, “Donde has estado cabronazo”, “Vamos a tomarnos la última mamón”, una mujer le dice a otra “Que zorrón que estás hecha” ¿Porqué os insultáis?

-- Es de una forma cariñosa

-- ¿Insultos con cariño? No comprendo

-- Eso va con nuestra forma de ser

-- Una cosa más que quiero preguntarte es que trabajáis durante todo el año en unas estatuas que os cuestan mucho tiempo, sacrificio y dinero para luego quemarlas en una sola noche y encima tiráis petardos para celebrarlo ¿Por qué?

-- Eso es en Valencia, se llaman Fallas, una tradición.

-- Es otra tradición española que no puedo comprender. También he visto que os disfrazáis como si fueseis miembros del Ku Klux Klan y así vestidos sacáis a vuestros santos de sus iglesias y los paseáis por las calles ¿Los quemáis después?

-- No hombre, esa es una fiesta religiosa que hacemos en Semana Santa y no tiene nada que ver con el racismo, con el fuego, ni nada por el estilo.

-- Desconcertante, sin duda alguna España es un país desconcertante.

-- Mira Jerry, para comprender a un pueblo no puedes solo mirar guías y documentales de viajes, tienes que conocer su historia.

Tras unos incómodos segundos en los que los dos hombres se quedaron mirándose en silencio, Jerry se volvió hacia su casa y sin mediar palabra la cerró con un fuerte portazo.


Al fin, las preguntas desaparecieron y Pineda pensó que quizá su último comentario podía haber ofendido en algún sentido a su vecino, no se sentía bien por ello pero a la vez creía que si había conseguido calmar la obsesión de Jerry por comprender nuestro país, estaba justificado. Sin embargo la realidad era otra muy distinta.
Una tarde de domingo, justo a la hora de la siesta, la puerta sonó con el repiqueteo inconfundible que siempre antecedía al “Hola español”.

-- He estado estudiando vuestra historia, - dijo mientras se tocaba la barbilla - ahora estoy más confundido aún. Habéis tenido todo y todo lo habéis perdido, vuestro pasado está lleno de grandes descubrimientos e impresionantes conquistas pero también de guerras inútiles y aventuras sin sentido, sin embargo lo más desconcertante para mí ha sido saber que hasta hace pocos años erais un país fascista, como lo fue Alemania con Hitler o Italia con Mussolini, solo que vosotros habéis sido profundamente fascistas nada menos que durante cuarenta años, ahora presumís de democracia pero sois los mismos, los que hasta hace poco no eran si no piezas del gobierno fascista de Franco ahora son vuestros dirigentes, vuestro presidente fue director general de la televisión fascista de Franco, os veo como jugando a ser demócratas pero…

Con un gesto de la mano, Pineda, indicó a su vecino que dejara de hablar por un momento y tomando aire pensó en una respuesta razonable y corta, acorde con la situación y en línea con la parte de la siesta que aún le quedaba por saldar. No la encontró.

-- Mira Jerry esto es difícil de explicar, una tarde te llamo y lo hablamos tranquilamente

-- Esperare con impaciencia ese momento, todo esto debe de tener una explicación que yo no consigo encontrar

Carlos Pineda jamás llamó a su vecino, y no fue por desgana, falta de tiempo o enfado, realmente no sabía con certeza cuál era la respuesta, “En España tenemos democracia” pensaba a la vez que algo por dentro le hacía dudar “¿Estaremos viviendo un sueño, una fantasía, disfrutamos de una falsa democracia?”, “¿Realmente nos hemos convertido los españoles en ciudadanos verdaderamente democráticos?, ¿Nos han dado la libertad o simplemente nos han alargado la correa?”.

Los días pasaron uno tras otro, inmersos en una perfecta monotonía como lo hacen normalmente hasta que llega un día, una fecha que nos marca, ese día inevitable que nunca avisa y que pasa a formar parte ineludible de nuestra memoria para el resto de nuestra vida. Ese día había llegado.

Carlos Pineda acariciaba las hojas de un libro disfrutando de su lectura cuando un fuerte sonido lo interrumpió bruscamente, alguien tocaba a la puerta y el repiqueteo le resultaba familiar pero no así el ímpetu ni la insistencia.

Abrió la puerta visiblemente enfadado, y como suponía, allí estaba su vecino, que esta vez no dijo “Hola Español”, se encontraba petrificado, tenso y en silencio, de hecho, esta vez no dijo nada.

-- ¿Qué pasa ahora Jerry? Te dije que ya te avisaría yo.

-- Un Torero ha entrado en vuestro parlamento

-- ¿Qué has dicho?

-- Lo he visto, un torero ha entrado en vuestro parlamento disparando con una pistola

-- ¿Pero qué tontería estás diciendo?…

-- Ven a verlo, está saliendo en la televisión

Jerry lo cogió del brazo y casi arrastrándolo lo condujo al salón de su casa para señalar la pantalla donde se podía ver a Tejero, pistola en mano, sometiendo y humillando al parlamento español, ese día no era otro que el 23 de Febrero de 1981.

-- Joder, eso no es una montera Jerry, eso es un tricornio


Pineda lanzó con rabia las llaves que se repartieron por toda la estancia, Jerry tras el susto y sobrecogido por la escena miró a su vecino español que estaba desconsolado y con las manos tapándose la cara repetía una y otra vez “no, no puede ser…”.

Jerry intentando una vez más comprender a los españoles y mirando la televisión pensó “Curioso, en lugar de una montera lleva un tricornio lo que al parecer le hace ser un torero muy peligroso”





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