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Opinión - Juan Pardo
CDL Zurgena - 14/04/2013

Dice el Papa Francisco, "no os dejéis robar la esperanza" ¿Cómo?

Almeria 24h
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Dice el Papa Francisco,


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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cree que no hay nada más injusto que la generalización, a propósito de los casos de corrupción política que se están conociendo en España. Rajoy se suma así al grito que repiten los políticos españoles y sus servidores, sobre todo los periodistas sometidos al servicio del sistema, que aseguran que generalizar y llamar corrupta a la clase política española es una peligrosa injusticia.

Muchos otros españoles creemos, por el contrario, que la corrupción no solo consiste en robar sino también en gobernar mal, de manera injusta y arbitraria. Esa corrupción del gobierno injusto es la peor porque corroe la sociedad, la pudre y crea las bases necesarias para que después florezcan el latrocinio, el abuso y el choriceo generalizado. Los demócratas españoles creemos que es justo y saludable señalaros (a los políticos) con el dedo acusador, calificar de "corrupta" a toda la clase política y afirmar y demostrar que existen razones muy sólidas y poderosas para generalizar.

La primera es que ustedes, los políticos españoles, dicen liderar una democracia cuando no es cierto. El "sistema" español, cuya Constitución fue redactada por una mezcla totalitaria que no creía en la democracia, compuesta por herederos del franquismo y miembros de una izquierda intervencionista y con raices leninistas, incumple todas y cada una de las reglas básicas de las democracias: no respeta la separación de poderes, margina a los ciudadanos, no establece controles que limiten el poder de los partidos políticos, no garantiza una ley igual para todos, asumida por el pueblo, no establece canales para la participación popular en la política, crea impunidad indecente para la casta política, no garantiza unas elecciones realmente libres, ya que son los partidos y no los ciudadanos los que eligen, gracias a esas deleznables listas cerradas y bloqueadas que usted defiende, y no respeta la independencia y libertad que necesitan la sociedad civil y los medios de comunicación, responsables en democracia de defender la verdad y de fiscalizar a los grandes poderes. Usted debe saber que violar las reglas de la democracia es corrupción y en esa "fechoría" participa usted y todos los que le acompañan en la partitocracia y el poder representativo. Así que la primera razón de peso para llamar a los políticos "corruptos", de manera generalizada, es porque habéis asesinado la democracia y la habéis sustituido por una sucia oligocracia de partidos, intentando siempre engañar a los ciudadanos llamando "democracia" a este bodrio sin grandeza ni decencia.

La segunda razón de peso, igualmente solvente, que nos habilita a los ciudadanos para llamaros "corruptos" es que en los estados de derecho, todos aquellos que conociendo el delito y la violación de la ley, guardan silencio y no denuncian, se convierten en cómplices. Los políticos, sobre todo aquellos que habéis alcanzado la cúspide en la dirección de los partidos y en el gobierno, conocéis perfectamente cómo se financian ilegalmente los partidos, como se beneficia a los amigos y se perjudica al adversario a la hora de repartir el dinero público y las ventajas del poder, como se falsifican documentos, se conceden arbitrariamente subvenciones y concursos públicos y como se colocan, a sueldo del Estado, a los amigos y familiares del poder. Conocéis la corrupción que funciona en vuestro entorno, desde las comisiones que se cobran a las empresas por concursos públicos y subvenciones hasta losabusos urbanísticos y el cobro por recalificaciones, un vicio que han practicado todos los partidos políticos y que ha dominado el acontecer diario de la política española en las décadas de los 80, 90 y primeros años del presente siglo.

En el primer bloque de corrupción, el de los asesinos de la democracia y gestores de un sistema injusto y dañino, el índice de corrupción es directamente proporcional al porcentaje de poder, lo que convierte a Rajoy, a Zapatero y al mismo Rey en los principales culpables del país. En el segundo bloque, el de haber robado o guardado un silencio cómplice y cobarde ente los desmanes y corrupciones que eran visibles y funcionaban en vuestro entorno, los principales culpables son aquellos que han robado y saqueado, seguidos de los cómplices que conocían el drama y guardaron silencio.

Son dos razones mas que suficientes para señalaros y acusaros de haber convivido y expandido la corrupción desde la cúspide a la base de la sociedad española, neutralizando los valores y envileciendo la sociedad. Por desgracia, nadie ha visto todavía en España a un político que denuncia a uno de los suyos por prácticas indecentes, a pesar de que todos conocen esas prácticas inmorales.

Pero hay más razones y motivos para llamaros corruptos de manera general y universal: jamás dimiten los políticos, a pesar de sus fallos, errores y desmanes; muchos de los vuestros han saqueado las cajas de ahorro y las arcas públicas y ni siquiera les habéis castigado, ni obligado a devolver lo robado; habéis vivido en una repugnante impunidad casi absoluta, con los órganos judiciales politizados, sin haber cambiado con urgencia esas leyes injustas y antidemocráticas; habéis marginado al pueblo y jamás habéis tenido en cuenta sus deseos y criterios, a pesar de que el pueblo es soberano en democracia; habéis, por último, convertido a España, con vuestro mal gobierno, en un país imposible de financiar, por culpa del Estado monstruoso que habéis creado, lleno de políticos colocados y cargados de privilegios, más políticos mantenidos que los que tienen Francia, Alemania y Gran Bretaña juntos. Además de eso, habéis conseguido con vuestra miserable e injusta forma de gobernar llenar el país de desempleados y pobres, cerrar cientos de miles de empresas agobiadas por vuestras deudas y por vuestros impuestos abusivos, y habéis hecho de la pobre España un país que ocupa los puestos de cabeza en los rankins mundiales de casi todas las miserias y suciedades: fracaso escolar, baja calidad de la enseñanza, trata de blancas, prostitución, blanqueo de dinero, inflación de coches oficiales, tráfico y consumo de drogas, separación y desprecio entre ciudadanos y políticos, acogida de bandas mafiosas en territorio español y un largo etcétera que convierte a la España que gobernáis, vosotros y vuestros colegas socialistas, en una de los países más envilecidos y problemáticos del mundo.

Y al final está el gran argumento, la pérdida de confianza en el liderazgo, suficiente para llamaros corruptos a todos y para que dimitáis en masa, ya que no puede existir democracia ni decencia sin confianza en los dirigentes: obedecer órdenes y someterse a leyes dictadas por personas en las que no se confia o tener que pagar impuestos abusivos e injustos sin que el ciudadano sepa si su dinero va a ser utilizado para el bien común o si el dinero que se entrega con tanto esfuerzo va a terminar en las cuentas suizas de un político español chorizo, son abusos claramente corruptos y deplorables..
Mientras que los hispanos no nos convenzamos de que la clase política y ellos por darles su voto para que sean políticos, "dueños" del mal que nos aqueja, corrupción, corrupción y más corrupción. es la escoria de la nación y que lo peor de la sociedad ha tomado el poder, los problemas que envuelven y destruyen el país no podrán curarse. El primer paso para vencer a la enfermedad es reconocerla y, por desgracia, España no ha reconocido todavía que los políticos son el cáncer que la destruye. Millones de españoles idiotizados y sin conciencia acuden a las urnas para votar a unos individuos que no solo no merecen gobernar sino que ni siquiera son merecedores de respeto.

Para convencerse de que los políticos son la escoria de España basta echar un vistazo a la prensa: ministros y miles de cargos públicos corruptos, dirigentes pendencieros que se pelean en las Cortes, sueldos ocultos y patrimonios fantasmas, corrupciones por todas partes, resistencia a dimitir, mentiras, saqueo de las cajas de ahorro y de las arcas públicas, espionaje sucio entre partidos, comisiones ilegales y un larguísimo etc.
que asombra y sobrecoge por la maldad concentrada en las filas del poder político.

Los que piensan y defienden que los políticos son el fiel reflejo de la sociedad, no tienen razón porque la sociedad española es cien veces mejor que sus políticos y gran parte de ella no se dedica a mentir, robar, espiar, ocultar patrimonio, burlar las leyes, abusar del poder y aplastar al adversario. España es uno de esos países que ha tenido la desgracia de que lo peor de su sociedad haya tomado el poder.

Los últimos escándalos de espionaje en Cataluña han conseguido sorprender a un pueblo que ya se consideraba curado de espanto. Todos se grababan y filmaban, todos acumulan dossieres para destruir al adversario. La mafia siciliana, al lado de los políticos españoles, parece una agrupación de aficionados. Ya lo dijo el mafioso ruso Petrov, que quiso corromper a los políticos catalanes de LLoret de Mar y salió aterrorizado, afirmando que le habría salido mas barato cumplir las leyes.

El argumento que esgrimen algunos políticos de que no todos son corruptos y que es injusto generalizar no es válido porque los que no han burlado las leyes ni se han corrompido, han guardado un silencio cómplice y no han acudido a los tribunales para acusar los desmanes, abusos y canalladas de sus compañeros, como era su deber. En Justicia, quien no denuncia un crimen que conoce se convierte en cómplice.

Hay casi un millar de casos de corrupción abiertos o a punto de abrirse en los juzgados, pero esa cifra es ridícula porque las estadísticas dicen que en corrupción suele aflorar siempre menos del diez por ciento de los casos existentes. Hay una ministra bajo seria sospecha (Ana Mato) y un ex ministro que avanza hacia el banquillo (Pepiño Blanco, uno de los cómplices del destructor Zapatero). Pero lo grave es que hay decenas de miles de políticos y ex altos cargos cuyo abultado patrimonio no es explicable.

Los ciudadanos han perdido la fe y la confianza en los políticos y en sus representantes y gobernantes, lo que invalida la democracia y la transforma en una sucia dictadura de partidos y de políticos profesionales.

La única solución al alcance de una ciudadanía marginada, manipulada y maniatada, que no cuenta en la política española, es manifestar desprecio a sus verdugos con pitadas y abucheos y no acudir a las urnas, salvo que sea para depositar un voto en blanco o un voto nulo, mientras el escarnio y la desvergüenza política española no cesen.

Quizás ayuden para tomar esa dura decisión dos argumentos sólidos como la roca: el primero es que ni una sola de las reglas básicas de la democracia se cumple en España, donde no hay separación de poderes, ni una justicia igual para todos, ni libertad para elegir a los representantes, ni castigo para los ladrones corruptos, etc.; el segundo es que el balance que ofrecen nuestros políticos en el poder, después de tres décadas de gobierno es estremecedor y lamentable: España padece los impuestos mas altos y desproporcionados de toda Europa, sin que los ciudadanos reciban a cambio servicios de calidad; han causado el cierre de casi 700.000 empresas y los políticos y sus instituciones y gobiernos son los peores pagadores de la nación, causando estragos entre autónomos y pymes con sus deudas públicas impagadas. Nuestro país ocupa los primeros puestos mundiales en casi todo lo sucio y deleznable: tráfico y consumo de droga, blanqueo de dinero, trata de blancas, prostitución, fracaso escolar, baja calidad de la enseñanza, acogida de mafias, población encarcelada, desprestigio de la clase política, desempleo masivo, avance de la pobreza y un larguísimo etcétera de vergüenzas e ignominias alcanzadas gracias al liderazgo nefasto de una de las peores y mas corruptas clases políticas del planeta.
El papa Francisco ha dicho a los cristianos: "No os dejéis robar la esperanza". Pero ¿Qué hacer cuando es el propio gobierno el que nos roba, no sólo la esperanza, sino también el dinero y derechos, como el del trabajo, imprescindible para vivir con dignidad, sumiendo al país en la tristeza y el dolor? ¿Qué hacer cuando las aparentes democracias se tornan dictaduras y los gobiernos roban los ahorros depositados en los bancos y acosan al ciudadano con impuestos injustos e insoportables? ¿Qué debe hacer un cristiano cuando la injusticia imperante le empuja hacia la desesperación, de manera irresistible, al tener que buscar comida en los contenedores de basura, al no poder alimentar a la familia y cuando las circunstancias impiden vivir con dignidad?

Al mensaje del papa Francisco le falta una segunda parte. Tras pedir a los cristianos que no se dejen arrebatar la esperanza y recordarles que son nada menos que "hijos de Dios", el mensaje del líder espiritual católico debe incorporar una clara condena de los dirigentes políticos y financieros que están creando el mundo injusto que cada día nos invade más, un mundo donde los grandes valores han sido asesinados por el poder y en el que se han impuesto vicios y suciedades como la corrupción, el abuso de poder, la desigualdad extrema, el desprecio a los débiles, la arrogancia y el egoísmo.

El papa Francisco viene de Latinoamérica, que es una tierra de frontera donde se vive el eterno conflicto entre la injusticia y el poder. Él, como millones de cristianos de aquellos territorios, se encuentra frente al terrible dilema que ha dado vida a la Teología de la Liberación: ¿Qué hacer ante la injusticia, someterse o luchar contra ella?

La gran pregunta es: ¿Es compatible la dignidad de "hijos de Dios" con la cobardía y el sometimiento ante los abusos, arbitrariedades y canalladas del poder? O planteado de otro modo: ¿El deber del cristiano incluye someterse al expolio, el saqueo, la violación de la dignidad humana, el robo y otras canalladas del poder?

Al Papa Francisco, que ha empezado su pontificado con buen pie, protagonizando gestos valientes de ruptura y acercamiento al pueblo, le queda un gran camino que recorrer si quiere acercar la Iglesia que dirige al pueblo que sufre. ¿A que esperanza se refiere cuando pide al pueblo que no la pierda? ¿Está hablando únicamente de la esperanza en una justicia que premiará a los buenos y castigará a los malos en la otra vida o esa esperanza exige también la lucha por un mundo mejor, aquí en la Tierra?

El papa tendrá que optar pronto por una de las dos opciones: o pastorea un rebaño sometido y acobardado que sólo espera la Justicia divina o es el líder de un pueblo que entiende la fe como un mandato divino para cuidar la creación y ayudar a que el mundo creado por Dios sea un espacio de paz, justicia y dignidad.

Pero el papa Francisco debe saber también que pastorear a un pueblo de ciudadano libres, cargados con la dignidad que se deriva de ser "hijos de Dios", conlleva el enfrentamiento con los canallas que dominan la Tierra, con los que jamás renuncian a controlar el mundo, padres y padrinos de la injusticia, la desigualdad, el abuso de poder y hasta el exterminio de los adversarios.




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