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Opinión - Juan Marcelo
(La Regadera) - 05/10/2014

EL “MEETING” NECRO

(A propósito de una reunión que tuvimos en Carboneras el pasado 28 de Sep. bajo la supervisión de Inma y su esposo Miguel. Añorada y evocadora reunion (ya que creo que dejo de existir cuando se creo las maléficas Comisiones de Expertos) no decisoria donde cada uno libremente podía expresar su opinión. (También lo echaba de menos) Para ello, micrófono en mano. Miradas fijas en el orador. Cuesta mucho ponerse delante de un micrófono para expresar ideas o una simple presentación. El micrófono es inquisidor, quizás por ello, las palabras salen a borbotones, cual hoguera interior, presa de cierto nerviosismo y coarta la voluntad de quedar bien cuando lo tienes aferrado. Es difícil ponerse ante el aunque sea para expresar y no para convencer. Miguel, observando indecisiones, opto por hablar en primer lugar. Ese detalle, nos salvo de la “quema”)

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EL “MEETING” NECRO


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Montalbán (Teruel)

- Lo siento, Juan. Estoy muy nervioso. Fíjate la gente que hay en la sala. Yo esperaba menos personal. Primero me tengo que convencer de lo que hablo, es lo que siento. Vuelvo a insistir. ¡Estoy muy alterado! Lo de hablar en publico no es lo mío. Tengo pánico a los micrófonos. Se me seca la garganta y noto que se me caen los calzoncillos.

- Aspira, reten el aire unos segundos y suéltalo poco a poco – le recomendé – Después imagínate de que me estas hablando a mi. Que no hay nadie más.

- Ya. Pero es que…Mira: Me han dicho que tomando una copa de coñac antes, te evade un poco de tu actuación como figurante y eso te da fuerzas para soslayar miradas fijas en ti. En una palabra: que aíslas tu papel de protagonista y tu oratoria es más fluida. Con dos copas, te sale una fina prolijidad, haces aflorar el verbo fácil y te ven como más guapo. Con tres copas; los asistentes ya te ofrecen hasta su culo…

- Vamos a ver, Gonzalo; - me imprimí cierta paciencia - Hemos venido a Montalbán (Teruel) para dar un “meeting”. Estos compañeros mineros son también de CC OO y van a comprender rápidamente que no somos profesionales de la oratoria sino otros compañeros de otra cuenca que venimos a asesorarle. En seguida, asumirán tu nerviosismo precisamente por eso: por que no somos animadores de una tómbola ni alumnos aventajados del Consultorio de Elena Francis. ¡Somos mineros!

- Ya: Pero la copa de coñac… Su positivo efecto…Su estimulante verborrea…

- Si, - reconocí - También influye. Pero podemos hacer una cosa: Obviamos las presentaciones, Empiezo a hablar yo en primer lugar y tú lo aprovechas para adentrarte en la cantina de la Central Térmica y pegarte un lingotazo ¡Un lingotazo solo… que te conozco! Mientras, yo me encargare de participarle al publico que te vas a un retrasar por un inoportuno apretón ajeno a tu voluntad.

- ¿Apretón ajeno a mi voluntad?

-¡¡¡ Lo que sea!!!– exclame impaciente.

- ¡Vale! ¡Vale! – exclamo alborozado como librándose de una pesada carga – Pero antes de todo: ¿Puedes decirme de que va el tema?

Lo mire fijamente y me pregunte si había acertado en traer al compañero Gonzalo a la charla. Me asalto su última comparecencia - previa visita al bar El Tropezón -sobre los problemas mineros que teníamos en Andorra y corto su oratoria para informar a los asistentes que le habían dicho que la Virgen del Pilar apareció en el centro comercial Galerías Preciado de Madrid y que el rió Ebro nacía en Aracena (Huelva)

No obstante, me inculque cierto aguante y le comunique:

- Hemos venido aquí a convencer a nuestros compañeros que no vamos a permitir el cierre de las minas de Escatrón. Que estaremos apoyándolos y asesorándolos y que cuenten con nosotros. Asimismo; planificar estrategias de actuaciones venideras. Demostrar a la empresa que las minas no se cierran. Que presentaremos lucha.

- ¡Eso esta bien! - asintió y se encamino a la salida de la sala - ¡Y para celebrarlo – grito desde la puerta - me voy a la cantina que el tío Terry me espera y ya nos veremos después! Observe que varios compañeros presentes en la sala, hacían conjetura sobre si el tío Terry era un alias clandestino de un delegado desplazado de la Sede Central en Madrid.

Pocos podían sospechar que el “clandestino” fuese destilado en Jerez de la Frontera.

Estuve unos 20 minutos acordando y respondiendo a preguntas de los compañeros. Concertando métodos de actuaciones así como lo recomendable que no se hiciera. Como premisa: El no al cierre de las minas. No hay negociaciones si la voluntad de la empresa era ponerles el candado.

Curiosamente, de vez en cuando, miraba instintivamente a la bandera de CCOO que se hallaba detrás de mí y tuve la impresión de que me iba a caer encima. “Son esos ramalazos premonitorios que dictan muy mucho de la práctica realidad” – me dije - “Una aprehensión fugaz” “Sugestión debido al ambiente” Termine mi alocución y cuando me disponía a regresar a mi sitio para que el delegado local tomara la palabra, la bandera se abalanzo contra mi cabeza tapándome la cara y parte del dorso. La sala irrumpió en carcajadas que frenaron rápidamente cuando les mostré la mía, avergonzado, iracundo y mirándolos que me los comía. A todo esto, se abrió la puerta de la sala e irrumpió en ella el compañero Gonzalo con los mofletes tan rojos como la pérfida bandera. Con pasos vacilantes y torpes, ataco el recorrido hasta el estrado saludando a uno y otros con voz pastosa y continuos guiños de ojos:

- ¡…Que pasa…tarugos…! ¡Tranquilos que aquí estoy yo…! ¡Os vais a enterar…! (Sic)

El delegado local, viendo el estado del compañero Gonzalo y barruntando lo que le podía caer encima, me pregunto si ese compañero estaba en disposición de tomar la palabra. Opte por no contestarle absorto en los vaivenes andarines de Gonzalo. Una vez el mismo estuvo a mi altura, le pregunte si estaba en condiciones de tomar la palabra. Me contesto que tomaba la palabra y hasta otra copa. Que el lo que quería era dirigirse a los demás. Que ya se le había olvidado la vergüenza y que lo dejara, que los iba a poner a todos a caldo. Mire con cierta aprehensión al delegado local y encontré su mirada fija en mi. Nos encontrábamos en la tesitura de terminar el encuentro y disolver la Asamblea.

Mientras el delegado local y yo fluíamos la mejor medida a adoptar, el compañero Gonzalo ya se encontraba ante el micrófono:

- ¡¡¡Compañeros!!! – empezó su arenga con voz queda y entrecortada – Me parece una falta de respeto y consideración, que nos llamarais para que encontremos una solución a la carretera que según vosotros, queda estrecha para los camiones que circulan entre las minas y la Central Térmica. Eso no es problema de nuestro sindicato. ¡Tenéis que presentaros ante la Delegación de Gobierno de Teruel y presentar vuestras quejas y si no son escuchadas, pegarle fuego a la Sagrada Familia que es el símbolo de la ciudad! ¿Que coño queréis que hagamos nosotros? ¿Si la carretera es estrecha, ensancharla vosotros con los huevos en vuestro tiempo libre que es mucho? ¿Y las quejas que tenéis de las aguas de las duchas? ¿Qué pasa? ¿Que no tenéis agua en casa? ¿Que queréis? ¿Qué la empresa os ponga agua de manantial y jacuzzis personalizados? Pues entender bien una cosa. En nombre de CC OO, mi compañero Juan y yo, nos negamos a …

(Se había vuelto a equivocar en el mensaje)

No quise escuchar más. Ahí lo deje en plena “efervescencia” Me levante y el delegado local, -secándose el sudor con la manga de la camisa y bebiendo agua sin parar - me hizo un gesto como preguntándome a donde iba:

- ¡A visitar al tío Terry que se ha quedado muy solo! – conteste resoluto encaminándome a la cantina acaparando miradas nada entusiastas de los asistentes mas cercanos.



Consideración y humanidad, tuvieron los compañeros de Montalbán en dejarnos coger nuestro coche y salir ilesos de la localidad, no así Gonzalo, que se lamentaba de unos coscorrones y varias bofetadas que recibió camino al auto. Yo me salve debido a que observaron como todavía estaba - pañuelo en ristre - limpiándome restos de la sangre en la cabeza que me había dejado la aciaga y perversa bandera.

De nada sirvió, que ya, vía a casa, recriminarle a Gonzalo no haberse enterado de cual era nuestra misión en la cuenca después de dejar su imagen para la posteridad en la cantina de la Central Térmica. Que se había vuelto a equivocar de los asuntos a tratar y no precisamente por temor a un micrófono sino por colaborar con el encargado de la cantina solicitando un nuevo pedido de coñac.

Las minas de Escatrón se cerraron. Curiosamente, dos meses después, con los yacimientos ya inactivos, se acometió el ensanche de la carretera N- 211, Montalbán – Alcañiz.



Juan Marcelo





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