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- 18/05/2020

Graduados en irresponsabilidad

De repente, tras ver que casi todo el mundo se había convertido en deportista para tirarse a las calles a correr como locos, ahora es el turno de los bares

Antonio Pérez. Periodista

Almeria 24h
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Graduados en irresponsabilidad

Antonio Pérez. Periodista

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Tras mes y medio de confinamiento en prevención por el coronavirus covid-19, toda Andalucía y gran parte de España han llegado a la Fase 1 del desconfinamiento compuesto de 4 fases. Un momento que muchos esperaban y que otros, viendo cómo fue la Fase 0, ya se imaginaban lo que iba a ocurrir. Y así ha pasado.

De repente, tras ver que casi todo el mundo se había convertido en deportista para tirarse a las calles a correr como locos, ahora es el turno de los bares. Como quien no quiere la cosa, el correr se ha convertido en el beber, los que iban con la lengua fuera y en mallas o ropa de deporte, ya están sentados en un quiosco haciendo su verdadero deporte favorito: beber cerveza y comer tapas. Eso sí, en la mayoría de los casos, la distancia de seguridad sigue brillando por su ausencia.

Qué rápido se han olvidado de que, a día de hoy, Andalucía tiene algo más de 15.500 contagiados, más de 700 en Almería, 231.000 en toda España y 1.300 fallecidos por coronavirus, 50 en la provincia y más de 27.600 en todo el país. Tal vez estén brindando, todos bien unidos, por los 25 ingresados que aún quedan en los hospitales de Almería, 3 de ellos en la UCI. Por si no han sido suficientes datos, el número de contagios en menores entre 0 y 9 años y entre 10 y 19 años se ha incrementado por encima de la media.

Desde luego, Almería no es la única ciudad en la que ha ocurrido esto. Tenemos ejemplos de aglomeraciones e irresponsabilidades en terrazas de Barcelona, Madrid, Sevilla, Ibiza o Bilbao entre otras capitales y localidades de España. Pero, claro está, Almería no podía ser menos e, incluso, tenía que salir en la televisión mostrando algunas terrazas llenas de gente, como si la cerveza fuera a agotarse para siempre.

Hace 102 años, en 1918, se produjo la mal denominada ‘gripe española’. Una pandemia que en España no vieron venir, al contrario que esta de 2020, y que llegó a infectar al mismo rey Alfonso XIII y al presidente del Gobierno, Manuel García Prieto. En dos años, este virus provocó la muerte a más de 250.000 personas en un país de algo más de 20 millones de habitantes.

Almería registró el segundo índice de letalidad más alto de España con 6.429 muertos. En el mundo, fallecieron algo más de 50 millones. Esta pandemia, en mayor o menos medida, duró hasta 1920.
Dejando a un lado los avisos del Gobierno central y el autonómico, ¿no han servido de nada los consejos que han dado los profesionales sanitarios, que desde el primer momento han estado y están en Urgencias, UCIs y residencias de ancianos arriesgando, incluso, sus propias vidas para salvar las de los demás, sin apenas protección? ¿Nadie ha aprendido absolutamente nada en estos dos meses de confinamiento? ¿Quizás desean un confinamiento mayor que el que hemos vivido hasta el momento, viendo el comportamiento de algunos irresponsables?

Es cierto que el número de contagiados y de fallecidos ha descendido notablemente desde que comenzó el quedarse encerrados en casa. Es una muy buena noticia, pero no es suficiente. Eso no significa que cada uno puede hacer lo que le dé la gana y pueda saltarse el estado de alarma y las normas de cada una de las fases establecidas para irse de juerga callejera, como ha hecho algún alcalde en otras localidades de España. Hay que tener un poco más de inteligencia. No se pide no salir de casa, no se demanda estar encerrado entre cuatro paredes, pero sí el tener algo más de conciencia y empatía, si no por uno mismo, sí por los demás y, sobre todo, por aquellos que aún están luchando por curarse del coronavirus y por los que luchan a diario en los hospitales para acabar con este virus y salvar todas las vidas posibles.

Por si fuera poco, ahora sumamos la suciedad. Aquellos jóvenes, y no tan jóvenes, descerebrados que hacen sus botellones en cualquier plaza y calle, dejando botellas y vasos tirados por el suelo. O aquellos que se van a caminar a ciertos parajes naturales de la ciudad y provincia a, según dicen, respirar aire puro y tiran sus mascarillas como si fueran semillas que se pudieran plantar. Quizás crean que haciendo esto nacerá un arbusto o un árbol lleno de nuevas mascarillas y guantes para futuras pandemias.

Si de verdad queremos llevar una vida normal, o una nueva vida normal (tal vez alguno de los lectores haya cambiado a mejor en sí mismo), volver a ver a nuestros familiares de cerca, a nuestros amigos, abrazarlos, tomar una cerveza con ellos, ir a la playa y tomar el sol sin tener que vigilar las distancias. Si queremos volver a disfrutar de una buena Feria, de un buen chiringuito de verano al sol, o a la sombra, a viajar por Andalucía, por España o por el mundo, seamos sensatos y hagamos las cosas bien. No nos cuesta nada. Por una vez, seamos responsables de nuestras propias vidas y de las de los demás.

Antonio Pérez
Periodista






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