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Opinión - Juan Marcelo
(La Regadera) - 28/06/2020

SATURACION MENTAL

¿Y ahora qué hago? – me pregunto - Vivimos en una sociedad que prioriza las narrativas basadas en el éxito, la búsqueda obsesiva por sobresalir y ser diferente a los demás, un consumo compulsivo y un individualismo basado en la autosuficiencia que no hay pandemia que se resista

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SATURACION MENTAL


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El estado de alarma en España se ha prolongado durante casi tres meses, a lo largo de los cuales hemos visto evolucionar la actitud de las personas. Unas se han ocultado después de rectificar sus ocurrencias políticas y otras salen a la luz con intenciones malévolas. Al inicio del confinamiento, todo parecía algo irreal, extraño y nos sentíamos ajenos a lo que estaba pasando. Alcanzamos a disfrutar la novedad de lo desconocido: gozamos de nuestros famoso aplauso solidario y saboreamos aquellas actividades para familiares y amigos a través de largas video llamadas.

Confirmamos la cercanía de los interminables desconocidos a través del “comienzas a cansar y empiezo a odiarte” Hemos llegado a un punto que los psicólogos llaman saturación mental. Cualquier problema añadido (como la posibilidad de que se extienda el estado de alarma) nos estresa o nos parece insoportable aun sabiendo que seremos capaces de afrontarlo volviendo a la gimnasia “terracíl”.

Comienzan la incertidumbre, la desesperación, el estrés, el miedo a que la iglesia esté tan callada y el duelo que pueda producir ese silencio. Empiezan a aparecer esos síntomas silenciosos del coronavirus que no se curan con respiradores ni medicinas, y cuya tasa de contagio continuará cuando el confinamiento termine y vemos desconsolados que la pandemia no se ha llevado la cantidad de imbéciles que asaltan la calle con banderitas incluidas.

Pero han pasado los días y estas ya no nos entretienen como hace algunas semanas. Nos encontramos más irritables, y la convivencia diaria con las mismas personas se nos hace cuasi insoportable.
¿Y ahora qué hago? – me pregunto - Vivimos en una sociedad que prioriza las narrativas basadas en el éxito, la búsqueda obsesiva por sobresalir y ser diferente a los demás, un consumo compulsivo y un individualismo basado en la autosuficiencia que no hay pandemia que se resista. No obstante, una de los relatos que afectan directamente a nuestro bienestar, y tan reforzada en estos tiempos de crisis, es la de "be positive". (Vivas y bravo a mi erudito inglés…, ¡no os cortéis…!)

Que no se malinterprete como hacéis tantas veces y encima tenéis razón: Es muy bueno enfocar nuestra atención en aquellos aspectos que nos hacen felices y trabajar para alcanzarlos - en mi caso, que Polonia Castellano, (Abogados Cristianos) tenga en cuenta mis peticiones amorosas - Se ha demostrado que el optimismo y la positividad son factores protectores para el bienestar personal del individuo y hasta del sujeto para enfermedades psicopatológicas –¡ahí queda eso! - como la depresión, la ansiedad y la zozobra de esperar la respuesta de Polonia, abanderada de LGTB. Sin embargo, me doy cuenta que el verdadero problema radica en enfocar equivocadamente la positividad en un estado de "perfección" en el que todo está bien…, en el que se evita lo negativo. Detrás de esta sesuda reflexión, impropia de mi, encontramos un juicio de que sentirnos positivos y felices todo el tiempo que es como debemos estar.

Tanta presión por mantenernos así es una nueva forma de querer medicalizar las fluctuaciones normales de nuestro estado de ánimo, y también es una nueva forma de evitación. Esto genera mucha frustración – Polonia…etc - y no solo nos produce el efecto contrario, sino que además nos lleva a sentirnos verdaderamente contrariados con aquello que nos cabrea y encima, jode.

No podemos resolver nuestros problemas con pensamientos bonitos, eso solo está cubriendo el verdadero problema de fondo. La psicóloga, Iluminadora Lucecita, menciona que “la compleja relación entre la vida y su fragilidad es en realidad lo que compone la totalidad y belleza de la vida. Para superar la adversidad, primero hay que reconocer y aceptar que nos encontramos en ella. Después de ese reconocimiento, luchar para eliminarla” o – en mi opinión -mandar a tomar por culo todo lo que has hecho antes y afrontar lo que te espera.

¿Y ahora qué hago si me he cansado de hacer recetas de cocina, ver series y hacer clases de yoga a la española con Jack Daniel´s incluido? ¿Es buen momento para que delibere - con lo que me cuesta - sobre lo que da sentido a lo que estoy viviendo? Sería una lástima volver la mirada hacia atrás y no haber sacado un aprendizaje, por menor que sea…, aunque mi tentativa más honrada es continuar ser un alumno de todo y profesor de nada. Me va bien.

Juan Marcelo




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