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Opinión - Carlos de Paz
Fotógrafo independiente - 12/10/2013

Autorretrato de mi padre

(La mirada mecánica)

Almeria 24h
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Autorretrato de mi padre

©Carlos de Paz - Autorretrato en el oculista, 2008

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Autorretrato de mi padre

Foto de Jared Bullis

El título de este artículo es tan paradójico como la historia que lo sustenta. En el año 2008 realicé un autorretrato mientras me hacían la revisión anual de la vista, algo ineludible cuando se tiene determinada edad. Es uno más de los muchos autorretratos que me he hecho a lo largo de mi vida, en momentos felices y amargos, serios o divertidos, algunos grotescos y otros reflexivos. Desde el momento en que tuve una cámara fotográfica en mis manos comencé a hacerlos, no con ánimo narcisista, más bien como un trabajo de muy largo recorrido, casi imposible de realizar con otra persona. No siempre he apretado yo mismo el botón del obturador. En muchas ocasiones he pedido a alguien que cogiese la cámara, indicándole con precisión el encuadre que yo quería y el momento preciso en que debía obtener la toma. Supongo que muchos puristas pensarán que esas imágenes no pueden considerarse autorretratos, a lo que yo diría: Pues vale, quizá no lo sean en el sentido estricto de la palabra, pero qué mas da, no siempre se tiene un trípode a mano cuando surge la necesidad de parar el tiempo en un momento preciso de la vida, ya sea porque está uno al borde del precipicio o, simplemente, para reírse de uno mismo, algo que considero de vital importancia para no perder el norte. Con el paso del tiempo, esos registros fotográficos van construyendo mi retrato vital, permitiéndome volver la vista atrás y aprovechar el enorme poder evocador de las imágenes para ver las estelas en la mar de las que hablaba ese amigo que siempre va conmigo y que no me permite ver el pasado con nostalgia, sino más bien con renovada curiosidad. No siempre estoy mirando al pasado, desde luego, pero he de confesar que en más de una ocasión ese ejercicio de memoria introspectiva me ha servido para encontrar el camino por el que debía transitar.

Por todo esto me resulta tan curioso lo sucedido con este autorretrato en concreto, en el que utilicé mis brazos para sujetar la cámara frente a mí y retratar a esa especie de cíborg en que me había convertido temporalmente. El oculista, aunque conoce mi actividad fotográfica, o quizá por ello, me preguntó un tanto receloso por el uso que le pudiera dar a esa imagen. Su sorpresa fue mayúscula cuando le expliqué de qué se trataba y que había hecho lo mismo en el sillón del dentista. El caso es que este autorretrato permaneció en mi archivo personal sin salir a la luz, como todos los demás, hasta que un día decidí utilizarlo como imagen personal en mi perfil de una red social, por su carga irónica.

Un día, el correo personal de un amigo me advertía sobre una imagen exactamente igual a la mía y que había ganado un premio en un concurso organizado por National Geographic. Pensé que exageraba, pero cuando abrí el enlace que me adjuntaba, mi sorpresa fue mayúscula. Eran como dos gotas de agua en medio del gran océano de fotos que circulan por el ciberespacio. La “otra” fotografía era de Jared Bullis, un fotógrafo del que yo no tenía ni la más mínima noticia y se la había hecho a su padre, en una revisión médica en Cleveland – Ohio, poco antes de fallecer. Aunque yo hubiera tomado la mía años antes (2008) era materialmente imposible cualquier tipo de fraude o plagio ya que no la hice pública hasta el año 2013, el mismo en que se publicó el fallo del concurso.

Lo inquietante de esta historia es que las coincidencias van más allá de las cuestiones técnicas: casi el mismo encuadre y la elección del blanco y negro en ambos casos. Esa perilla asomando entre la maquinaria del oftalmólogo y la misma apariencia de replicante recién salido de Blade Runner, nos acerca a un mismo mundo impersonal que nos convierte en clones, en irónicas copias fotográficas. Al mirar la imagen del padre de Jared Bullis no puedo dejar de preguntarme cómo sería él, si tendríamos gustos e inquietudes parecidas, si habríamos sido amigos en caso de conocernos personalmente. También me veo a mí mismo pasados unos años y por primera vez un autorretrato, en lugar de llevarme al pasado, me traslada al futuro, gracias a esa irónica máquina del tiempo en que se puede convertir una simple cámara de fotos.

Julio Cortázar, en su relato “Las Babas del Diablo” nos cuenta que “…Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar fotografías…”, y me pregunto si con mi fotografía “…yo que estoy muerto (y vivo, no se trata de engañar a nadie…)”, estaré devolviendo de la nada al padre de Jared, o por el contrario estaré un poco más cerca de “…esa operación comparativa y melancólica del recuerdo frente a la perdida realidad; recuerdo petrificado, como toda foto, donde nada faltaba, ni siquiera y sobre todo la nada, verdadera fijadora de la escena”.

Carlos de Paz - Fotógrafo independiente




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