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Opinión - Juan Marcelo
(La Regadera) - 30/03/2014

EL EFECTO PINOCHO

Almeria 24h
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EL EFECTO PINOCHO


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Un estudio realizado por la Universidad de Granada, concluye que cuando una persona miente, aumenta el tamaño de su nariz. (No especifica si la nariz, en el embustero compulsivo, llega antes que el) El estudio, apunta que el mentir “sube la esquina interna de los ojos y provoca cambios en la estructura del cerebro”. Los investigadores, que han llamado a este cambio térmico, “Efecto Pinocho”, han aplicado la “técnica de la termografía para desarrollar dicho estudio”.

El estudio no cuenta con muestras o cuotas de participación. Nivel de representatividad. Procedimiento o trabajo de campo. Tampoco calidad e índole de las personas que hayan posibilitado y de cierta viabilidad al estudio. (Quizás la muestra la hayan hecho entre ellos y mas de uno se haya quedado sin empleo).

Insisto en la técnica y practica que rodea toda investigación. En el caso que nos ocupa; no figuran datos de personas a quienes se halla practicado las pruebas.

Hay grandes mentirosos en nuestro País. Son tan dispersos e indistintos en el arte del mentir que crean escuela y Seminarios. Se rodean de una áurea de dignidad y respeto que el sincero, honesto y decente siempre estaría, a su lado, desfasado .Es más fácil y cómodo, secundar las palabras de un mentiroso que al que esta en posesión de la verdad ya que ello conlleva enjaular nuestro pensamiento antes que emprenda el vuelo. No nos podemos permitir, para comprender, hacer de nuestras conclusiones una olla a presión. Con el mentiroso con no creerlo, es suficiente y a veces; hasta conveniente.

Botones de muestra hay muchos, pero este se lleva la palma y encima, la pasta.

Siento vivos deseos de saber si en la muestra estaba incluido Francisco Correa.

Este Ali-Baba de nuestro tiempo muy cuidadoso y respetuoso en asumir nuevos tiempos en cambiar la babucha por la corbata de seda. Este incomprendido y genuino gran profeta que ha hecho de la mentira un arte en sentar cátedra y asignatura pendiente a otros mediocres y vulgares mentirosos. Hombre de incontables recursos oratorios y adalid del camuflaje dialéctico. Posiblemente a el, curtidos en mil batallas, ya no le crece la nariz aunque si se atusa su bien recortada barba blanca de los que le observamos a diario sentado en un banquillo y no en un Banco como prometió a sus compinches La fuente térmica que alude el estudio, se queda inmunizada en este senil varón que hasta ha cambiado la dirección de la irradiación. A más mentiras. Mas declaraciones contradictorias, más genera su cerebro dejando a su nariz impoluta y libre de cualquier resorte magnético. Posiblemente, le crezca otra cosa y no precisamente las uñas de los pies.

Eso también lo omite el estudio. Al que hace de la mentira su condición vivencial. La propagación de esa termografía en los “cara duras” en otras partes de su cuerpo. El desarrollo de una propuesta mentirosa con las manos en los bolsillos, indolente a que sea creído o no. El pasota “mentiril”

La mentira piadosa tampoco esta contemplada es ese estudio. Esa mentira con que se quiere simplificar y hacer más leve el dolor de los demás y que a la larga, se fracasa en el intento. (Un laborioso trabajo realizado por la Fundación de Amigos de la Maceta en el Coco, asevera sobre el tema que en la mentira piadosa, el autor solo observa un ligero picor en sus fosas nasales y pone de ejemplo a Díaz Ferrán y al Alcalde de Sabadell).

Después tenemos la mentira etérea. Esa “mentirijillas” a veces inocente, ingenuas que se dicen con el simple deseo de ser protagonista de algo. Ser centro de atención o erigirse estrella de una conversación. Esos pseudos-embusteros que pierden oratoria en un coloquio amigable e intenta recuperarlo aunque para ello fomente en discusión de convencer a los demás que fue vecino de Hamlet varios años.

Por ultimo, tenemos que aludir a los que mienten por necesidad, “razones de estado” o pactos de proclamas. Es muy posible que si la Universidad de Granada se hubiera adentrado en los confines de nuestro Parlamento para el muestreo, los investigadores de dicha Universidad habrían decidido declarar nula la investigación o proceder a otros campos sociales de sondeos menos comprometidos.

Hubieran quedado, nunca mejor dicho, con un palmo de narices; cuando observaran el rostro de nuestros representantes y sacaran la conclusión que la mayoría de ellos, tras muchos años de poder legislativo, acuerdos socavados, ocultamientos polémicos, arreglos internos, extraños compañeros de cama y solapadas declaraciones a la masa social, gozaban de buen perfil nasal. Santo y seña que al estudio de estos investigadores granadinos, les faltaba un resquicio, una rendija que complete y de cierta creencia divulgativa al inconcluso estudio. Esa fuente hubiera bastando para darle rotunda fiabilidad a la inconclusa investigación.

No es serio y resulta harto aventurado divulgar dicho estudio así… por narices.

Una investigación más acorde y concienzuda, hubiera dado cierta fe a la evolución y tamaño de una nariz cuando su dueño se empeñe en demostrar a los demás, la magnificencia, credibilidad y sensibilidad del Portador del Gobierno.

Estos próceres investigadores, los del estudio, cuya honradez y trabajo merecen un respetuoso apartado en el Centro de Estadísticas Convulsas, quizás, en mi modesta y humilde opinión, (al escribir “humilde y modesta”, es cierto que he notado cierto cosquilleo en mi nariz) creo que se han precipitado el estudio en generalizar al mismo, cuando a la vista esta que ha quedado fragmentado y por consiguiente inacabado por falta de método de empleo, manual de manejo y datos fiables.

- ¿Manual de manejo? – inquiere mi regadera entornando, con aire pensativa, sus agujeros.

-¡O manejar el manual! ¡O el manual manejable! ¡O el adaptable manejo del manual! ¡O acomodarse al manual para su manejo! ¿Qué se yo? – Contesto con desaire visiblemente enfadado por la intromisión – De todas forma les deseo suerte y animo a estos investigadores a acertar en su nuevo proyecto encaminado a investigar el por que el chocolate no engorda. De todas formas, mi reconocimiento y respeto a toda innovación o progresos científicos .También a los que discrepan o rebaten por hacer más suculento el debate. (*)



Juan Marcelo.



(*) Prosa: Fiable cosecha propia.




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