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Opinión - Juan Marcelo
(La Regadera) - 01/06/2014

NAVEGANDO POR LA VIDA

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NAVEGANDO POR LA VIDA


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La presencia del Dios Tiempo en nuestra vida es tan constante, persistente e implacable que basta intentar ganarle la batalla para que el mismo, impasible a emociones naturales de nuestra mente y cuerpo, nos recuerde a través de los años con signos externos en nuestro físico y naturaleza que su victoria es innegable.

Presentarle lucha constante acentúa el deterioro tanto físico como mental. Ante estos eventos de la naturaleza, la resignación es lo más aconsejable.

- Levas razón – asiente mi regadera -Las primeras arrugas y las primeras pinturas. Vuestros recuerdos presentes y los olvidos importantes. La firmeza de vuestros pasos y el sumo cuidado del posible traspiés. La fortaleza del cuerpo joven a la decadencia del cuerpo astroso. Es el tiempo que no os perdona y aunque toméis medidas artificiales pera encubrir el paso del mismo, la superficialidad de ese encubrimiento parcial, no engaña ese Dios Tiempo que aludes. Su constancia y tesón es palpable ya que podéis soslayar durante un tiempo el exterior pero lo compensa minando el interior.

- Gracias por ese alegato- le participe mirándola serio y algo desconfiado. Una segunda mirada de recelo fue para que comprendiera que no me podía fiar de ella. Eso de darme la razón tan rápido… - Esta secuencia me hace recordar una historia muy antigua que estoy dispuesto a contarte.

- ¿Es muy larga? ¿Preparo algo para picar? ¿Qué sedante me recomiendas? ¡Te recuerdo que soy tu amiga, asesora y confidente y me encuentro desprevenida a cualquier tipo de tortura por tu parte! - pregunto con un matiz sarcástico imprimiendo cierta alarma.

- No. Es cortita. – conteste taladrándola con la mirada.- Empiezo: Un hombre arrastraba su deforme cuerpo por la estrecha callejuela que lo conduciría hacia su casa. Su maltrecha figura acompañada de cierto deterioro personal a través de largos años de privaciones y miserias, le habían dado un halo de decrepitud y abandono que ya no trataba de disimular. Su cuerpo encorvado; Larga melena rubia sucia y desaliñada sobre un rostro arrugado, marchitado y ajado por el tiempo…

- Digna replica de la portada de un antiguo L P de vinilo que tienes de Jethro Tull (Aqualung) - me recuerda mi regadera.

- Si – asentí - Prosigo: Pasos vacilantes y descompasados. Portaba bajo su brazo derecho un paquete que le habían asegurado iba a cambiar su vida.

El adefesio llego a su casa, desenvolvió el paquete, saco un lienzo cuyo dibujo asemejaba una estrella de David y colocó en cada una de sus puntas un vela negra.

Echó mano del Manual de Instrucciones y empezó a recitar, a clamar por el Dios del Averno recitando rogativas y lúgubres plegarias.

Al cabo de unos minutos se presento un personajillo de estos que se pueden ver en cualquier botadura de un nuevo barco. Estatura media; traje gris marengo; sonrisa de circunstancias y una acentuada tez pálida enmarcaba y definía al curioso y ancestral personaje que asemejaba a Pepiño Blanco, en las puertas del Juzgado expresando que el no tiene nada que ver. Corta definición del personaje ya que solo puede verlo quien lo llama o reclama…

- Y claro… ¿Tú no estabas allí? – pregunta maliciosamente mi regadera.

- ¡No!. – barrunto mirándola pervesamente de reojo.- ¡Vuelvo a proseguir…!

- ¿Vuelves a proseguir?

- ¡¡¡Sigo con el relato!!!: El personajillo, se excusó por la tardanza aludiendo el excesivo trabajo que tiene esos días donde se acumula las peticiones de humanos que siempre tienen algo que vender. El adefesio le imploro que aceptara su alma a cambio de alargarla bajo otro cuerpo. Lo poco que le quedaba de vida, quería disfrutarla y gozarla bajo un físico más llamativo sostén de un cuerpo hermoso y pletórico. A cambio, donaba su alma a los albores del Infierno. El Diablo se lo quedo mirando y ojeando un Baremo de Preferencias y viendo la deformidad del cuerpo que tan imperiosamente reclamaba el cambio, le ofreció seis meses de vida bajo una apariencia más asequible y humana. El adefesio estuvo de acuerdo con el plazo fijado y se inclino sobre la mesa para firmar los documentos que el enviado del Averno había depositado previamente. Con pulso tembloroso, mano convulsiva y acelerada, dejo impreso un garabato que el Diablo recogió y guardo en su bolsillo. Seguidamente, una nube azulada se hizo dueña de la estancia y el cuerpo del adefesio sufría una mutación. Ese cuerpo arrugado, deforme, mutilado, había dado paso a otro cuerpo bello, cabellos rubios y de facciones juveniles. Un cuerpo lleno de vitalidad, energía y vigor. El ya convertido en un hermoso adonis, un joven efebo, se contemplaba embelesado mientras unas carcajadas salían de su ya potente garganta.

El Diablo, que ya se iba no si antes recordarle el contrato, detuvo sus pasos y retrocedió extrañado hacia el joven y le pregunto el motivo de esas carcajadas. El lozano joven, le contesto, sin parar de reír que le había engañado.

-. “Si – exclamo sin dejar de demostrar su euforia - Puedo vivir una eternidad bajo este cuerpo ya que el documento que he firmado, lo he hecho a través de otro cuerpo. Ahora mi firma seria otra; más firme en los trazos, más consistente en el movimiento de la mano y que duda cabe que mi grafología actual no seria igual que la que llevas en el documento. No soy el que he firmado, soy otro”.

-.¡Jua jua jua…! – (léase gutural carcajada de un satánico personaje. Creo firmemente que se ríen así ) - Empecé a sospechar de ti - le impelió el Diablo - cuando no me regateaste el tiempo de duración del contrato, Todos piden más tiempo pero tú parecías satisfecho con los seis meses que te impuse. Lo tenias todo planeado para engañarme pero no caíste en la frase popular de los mortales de que se mas por viejo que por diablo. ¡Fíjate en esa pared...!

El joven, ladeo su cabeza hacia la pared que le indicaba su interlocutor y observo espasmódico que de una celda de una cárcel salía dos guardia que llevaban custodiado a

un joven que era su mismo retrato.¡Era el!

-. Si. – aclaro el Diablo - Te he dado el cuerpo de ese asesino que dentro de unos cinco minutos va a ser ajusticiado por sus crímenes. De modo que solo te queda cinco minutos de vida. Esperare esos minutos para llevarte conmigo ya que el tiempo, también lo tengo como aliado.

Argucias y artimañas para atajar el paso del tiempo. Acogemos la vejez como algo traumático cuando realmente teníamos que considerarla como un premio por haber llegado hasta ella. Empleamos todos los recursos inimaginables para que ese paso sea lo menos doloroso concientes de que ya sabemos lo visibles que son los hilos que maneja. “Siempre sembramos en busca de la juventud aunque siempre cosechamos vejez, desaliento y mas complicaciones de las debidas” (J. M. de Prada)



Juan Marcelo




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